Gante tiene una virtud que se agradece mucho al sentarse a comer: no parece empeñada en elegir entre tradición y creatividad. Puedes encontrar un plato de cocina flamenca de toda la vida y, en la misma calle, una cafetería que hace cosas nuevas sin perder la personalidad local.
El plato que cuenta la historia de la ciudad
El waterzooi gantés es mucho más que una sopa. Es un guiso cremoso de verduras que hoy se prepara tanto con pollo como con pescado. Sus orígenes se relacionan con los ríos de Gante y la pesca de agua dulce, cuando estos cursos de agua formaban parte de la vida cotidiana de la ciudad.
Pruébalo sin prisas, preferiblemente en un restaurante que lo presente como especialidad propia. Visit Gent explica su historia con detalle.
Una ciudad que también se come a mordiscos
Los cuberdons, conocidos como neuzekes o «naricitas», son esos caramelos morados de forma cónica y corazón blando que verás por el centro. También merece atención el mastel, un bollo que puede servirse aplastado y caramelizado, y la mostaza Tierenteyn, de sabor intenso.
No hace falta comprarlo todo. Lo bonito es ir descubriendo estas pequeñas especialidades entre callejuelas, librerías y canales.
La Gante más contemporánea
Junto a la stoverij —ternera guisada— y los platos tradicionales, Gante tiene una cultura vegetariana muy visible. Hay muchas formas de comer bien sin recurrir a la cocina cárnica. Las cafeterías y restaurantes cambian cartas y horarios, así que conviene comprobar lo que ofrecen ese día y no fiarse de listas antiguas.
Nuestro consejo es guardar algo de tiempo para una comida tranquila y no intentar encadenar todos los museos sin descanso. Comer aquí también es una forma de conocer la ciudad.
Puedes encontrar más ideas en la guía gastronómica oficial de Visit Gent.